Este bebé no tiene una historia de regalo. Lo compramos un martes, en una tienda normal, porque yo llevaba semanas diciendo que quería uno y ese día me acompañaron a escogerlo.
Había como diez en el estante. Escogí este por el overol verde de estrellas, que era el único que no era rosa ni azul. La diadema del moño venía puesta desde la tienda y nunca se la quité.
Los cinco años en mi cama
Durmió conmigo desde esa noche. Al principio en la orilla y luego ya de plano en la almohada, y si me despertaba y no lo encontraba lo buscaba entre las cobijas antes de volverme a dormir.
Iba conmigo en el coche, sentado en el asiento de en medio. Fue a dos hospitales cuando me operaron de la garganta y se quedó todo el rato en la silla, junto a mi mamá.
Por qué el overol se ve así
El overol se lavó muchísimas veces, y eso se nota en que la tela está más suave que la de un juguete nuevo. Pero no se despintó: las estrellas siguen blancas y el verde sigue siendo el mismo verde.
Lo lavaba mi mamá aparte, a mano, porque una vez lo metí a la lavadora con la ropa y salió todo torcido. Ese día aprendí.
La mamila y el chupón
Lo raro de este bebé es que todavía tiene sus dos accesorios, y de eso sí presumo. La mamila y el chupón viven en una bolsita de cierre que le guardé desde el primer mes, porque los accesorios chiquitos se pierden y yo ya lo sabía.
Va completo: el bebé, el overol, la diadema, la mamila y el chupón.