La vi por primera vez en una tienda, esperando a que mi mamá pagara. Estaba armada, en un exhibidor, con la resbaladilla puesta y la muñequita dentro de la alberca. Me quedé parada ahí hasta que me llamaron.
La pedí en mayo, la volví a pedir en junio, y de ahí la pedí todos los meses. En Reyes estaba junto al árbol, sin envolver, porque no cabía en ninguna caja de regalo.
La alberca con agua de verdad
Lo primero que hice fue llenarle la alberca con agua. Nadie me dijo que se podía y nadie me dijo que no. Le eché agua con un vaso y aventé a la muñequita por la resbaladilla como quince veces seguidas, hasta que la alfombra de mi cuarto quedó empapada y me cacharon.
Después ya solo le ponía agua en el baño, sentada en el piso. El columpio también funciona, aunque ese lo usaba menos porque se salía de su lugar.
Las tres mudanzas
La casa se mudó conmigo tres veces y nunca viajó en una caja. Siempre en mis piernas, en el asiento de atrás, y en las tres me dijeron que la soltara y en las tres dije que no.
El rayón largo del costado es de la primera mudanza, cuando la recargué en la puerta del coche. El de la terraza de arriba es de la segunda, que se me cayó bajando las escaleras del edificio nuevo. Y el chiquito de la puerta roja no sé de cuál es, pero apareció después de la tercera.
No se notan de lejos. Yo los sé porque estuve ahí.
Lo que va incluido
Van los dos pisos con la cama, la tina, la mesa con sus bancos, el asador de la terraza, la resbaladilla, el columpio y la alberca. También la muñequita, su vestido de cambio, el flotador y los accesorios chiquitos, que están completos porque los guardaba en una bolsita de cierre.