Libro El Principito de Antoine de Saint-Exupéry, pasta dura, con el principito parado en su asteroide en la portada

El Principito, que no entendí la primera vez

Me lo regaló una maestra el último día de clases, cuando yo tenía como siete años. Nos dio un libro a cada quien y en la primera hoja nos escribió algo. En el mío puso «para que lo leas cuando estés lista», y yo pensé que era una manera rara de decir felicidades.

Lo leí esa misma semana, por obligación conmigo misma, y no le entendí nada. Me acuerdo de haber pensado que era un libro de dibujos que no contaba bien la historia. Lo dejé en el librero y ahí se quedó.

Cuatro años después

Lo volví a abrir un domingo en el que no había nada que hacer y no me dejaban salir. Lo agarré porque era el más delgado del librero, no por otra cosa.

Me lo acabé de un tirón, sentada en el piso, con la espalda contra la cama. Cuando lo terminé me quedé un rato ahí sin levantarme. Es el único libro que me ha pasado eso.

Después entendí lo que había escrito la maestra en la primera hoja. Me dio un poco de coraje que tuviera razón.

El viaje

Ese verano me lo llevé a casa de mi tía, envuelto en una playera para que no se maltratara en la maleta. Lo leí otra vez allá, en las tardes, y subrayé con lápiz una parte que ya borré porque me dio pena que se viera.

Si buscas bien, en una hoja se alcanza a ver dónde estuvo el lápiz. No dice nada, es solo la marca.

Cómo está

Es el de pasta dura, con los dibujos del autor. Está completo, no le falta ninguna hoja y ninguna está suelta. Las páginas están limpias.

Lo cuidé incluso cuando no lo quería, que ahora me parece lo más raro de todo.