Se fue a Monterrey
Muñeca con Vestido de Diamantes
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Esta tienda es mía. Todo lo que ves aquí fue mío de verdad: lo usé, lo cuidé, y ahora quiero que siga jugándose en otra casa.
No es una juguetería. Es una caja debajo de la cama que se volvió tienda: por eso hay uno de cada cosa y por eso cada pieza trae su historia escrita por mí.
Así empezó: una caja debajo de la cama.
Las reglas de la casa
No son palabras bonitas: cada una es una regla que ya está aplicada en la tienda.
Sí. Todos fueron míos de verdad: los usé, los cuidé y ahora quiero que sigan jugándose en otra casa.
Las pulseras son la excepción: ésas no son usadas, las hago yo.
Lo fotografío y lo escribo. Si algo está despintado, cosido o le falta una pieza, lo vas a leer antes de comprarlo.
Enseñar la falla vende más que esconderla.
No. Hay uno de cada cosa y por eso la etiqueta lleva un “1”.
Cuando se va, se acabó.
Yo, con mis palabras. Nadie más las puede escribir igual, porque nadie más jugó con esto.
No lo borro. Se queda en la tienda, marcado, diciendo a dónde se fue.
Me gusta ver el mapa de dónde acabaron.
Cada pieza ya está en su caja, con su número. Cuando se vende, el aviso me dice cuál mandar.
Se empaca bien, se manda a tiempo y se responde.
Lo que va en cada caja
Ese “1” quiere decir que hay uno solo. No es un adorno: es la promesa de la tienda.
Y no vive nada más en la pantalla. Esa misma etiqueta es el sticker que le pego a cada caja, con su número. Cuando algo se vende, el aviso me dice cuál caja mandar.
El mapa de dónde acabaron
Los juguetes vendidos no los borro de la tienda. Se quedan, marcados, diciendo a dónde se fueron.
Se fue a Monterrey
Muñeca con Vestido de Diamantes
Lo único que no es de segunda mano
Ésas no son usadas: las hago yo, una por una. Tampoco hay dos iguales, porque nunca me salen idénticas.